viernes, 30 de octubre de 2015

DE LA DISTRAÍDA VIDA DE ULISES NIVARIA: Primera parte


Todo empezó cuando los padres del chico se separaron, y la madre tuvo que dejar aquel piso de lujo donde vivían holgadamente, creo que era en Las Mimosas o un poco más arriba, es igual, sentémonos aquí por el portal, bien, ¿qué te decía?, ¡ah sí!,  además ya no podía mantenerlo en ese colegio pago, sí, carísimo, por eso tuvo que ir a un instituto público, allí comenzó con lo de los porros y otras sustancias, todo un canchanchán,… ¡Colgado la mayor parte del tiempo!... ¿Qué si asistía a clase?, claro, claro que asistía, pero no se enteraba de nada, nada. Al padre lo veía, si acaso, tres veces al año, el hombre se había forrado con la empresa aquella que montó para reformar pisos antiguos. No, no es así, ¿en Los Cristianos?, ¿qué dices?, no señor, en el Puerto de la Cruz, estoy segura, se construyó un chalecito con lo que ganó con lo de los terrenos para el centro comercial, tu sabes que estuvo saliendo en la prensa, que si todo estaba apañado con la concejal de obras, que si las cuentas bancarias en Andorra, que si patatín, que si patatán. Y luego, como siempre, la cosa terminó en una comisión de una subcomisión para estudiar el caso con calma, y tras profundos análisis resolvieron que había que seguir estudiando, ¿a qué sí?, para que los señores subcomisionados y comisionados no perdieran sus dietas y otros detallitos de nada, y todos tan contentos. Tú me dirás cómo iba a estar pendiente del chico, justo en esos años del insti, y es que además ya se sabía que la pensión que les pasaba apenas les daba para ir tirando, por lo que Paca, la pobre, tuvo que colocarse como portera en un cochambroso edificio del centro, y nada, a Ulises no lo controlaba ni Dios, si estudiaba o no estudiaba, cuáles eran sus juntas, si hacia o no hacia gamberradas por las esquinas, que parece que no, pero hay que fijarse la cantidad de cosas que se les ocurren a los pibes cuando los dejan a su aire, y eso que el chico, si te pones a ver, no llegó a lo que otros que conocemos del barrio. Nunca pasó de las golferías propias de la edad, un escaquearse de los deberes en cuanto podía, un rebotarse de tarde en tarde con la pobre madre, tienes razón, lo malo fue eso, lo de los porros, y, claro, también los colegas de la calle, que lo jalaban para todo, y no había manera que se centrara en algo, así los días se le iban a toda leche, y eso.

Por lo que no es de extrañar que suspendiera mogollón de cursos, y venga la pobre Paca a llorar, Ulises, cariño mío, ¿qué te pasa? Así estaban las cosas cuando Penélope, ¿te suena?, sí, esa misma, la chica del quinto derecha, lo convenció para que asistiera a la iglesia evangelista que funcionaba por la calle Salamanca. El pibe estuvo de aleluya por ahí casi un año, con su Biblia bajo el brazo y repartiendo octavillas por las esquinas. Los domingos casi nunca faltaba al culto, sí, exactamente, se apuntaba a todo: a las campañas de milagros, a los testimonios en la calle, los sábados cerca de la Plaza El Príncipe, a las visitas por las casas, a los cursillos nocturnos de doctrina y mogollón de veces, cuando te lo encontrabas en la calle o en la guagua, te comía la oreja intentando venderte una revista de titulares apocalípticos, “El ébola, un macabro aviso antes del fin”, y cosas así,  y se ve que le molaba cantidad, bueno, lo digo por la carita que ponía cuando te ponía la revistita esa sobre las rodillas para que la hojearas. Hasta que un buen día abandonó el tema, será que se cansó o se metió en algún lío, lo digo porque Tere, vale, pero acércate un poco más para contarte, sí, la del estanco, dice que tuvo un rollito un poco raro con la hija del pastor, una niña bonita que acabó aprobando las oposiciones de auxiliar III del administrativo II de Bibliotecas y Centros Lúdicos en Las Palmas. De hecho a la chica no se le vio más por el barrio, y, sabes lo que te digo, él tampoco apareció más por la Iglesia.

Decidió entonces, pues algo tenía que hacer, ponerse a estudiar de verdad, se apuntó en una academia a ver si por fin sacaba el graduado escolar, era esa que quedaba por la Rambla de Pulido, ¿te acuerdas?, por la calle Álvarez de Lugo, cerca del bar de Conchi. La cosa no funcionó porque volvió de nuevo a liarse con los porros, o se metía a deshora en alguna sala de cine del Meridiano. Eso fue cuando lo de “A todo gas uno”, sí, exactamente, la de los coches, una obsesión por el tuning, ¡qué fuerte, tía!, venga a ver la peli, lo menos sopotocientas veces, a comprar pósters de coches adornados con unas tías pechugonas y en unos mini, mini, bañadores, era una pasada como había empapelado la habitación, y, desde luego, Paca, la pobre, estaba hasta el gorro del dichoso tema del tuneo. No te quiero contar cuando por fin estrenaron la tan anunciada “A todo gas dos”, las colas que hizo con la Penélope, el ruido de las palomitas confundido con el rugido de los motores, sobre todo en esa escena en que el coche, tuneado a todo meter, se lanza sobre el barco del narco aquel, como le sudaban las manos y se tragaba toda la saliva del mundo viendo cómo se lo montaba el protagonista, ¿cómo era que se llamaba?, es verdad, Brian O´connors, sí, un ex poli de Los Ángeles, radicado en Miami, un guaperas al volante, que encima engatusa a la agente infiltrada de la aduana, con unas miradas y unos besuqueos que le quitaban el hipo a cualquiera.
Bueno, a todas estas, ¿y los estudios?, ¡nada, mi niña!, por eso cuando llegó junio ya se sabía que había perdido el dinero de la inscripción, las mensualidades, los libros, y encima el tiempo. Además se la pasaba sin pasta, y venga a colgarse del brazo de la pobre madre, a pedirle los cuartos para esto y para lo otro. Por eso, no te extrañe que cuando en julio salió un aviso de prensa de lo más chulo solicitando chicos para enrolarlos en la Armada resolviera presentarse, sí, tía, les dan un sueldito, y encima, con el uniforme se ven guapísimos ¡Ah!, Paca, la pobre, estaba que se salía, casi no lo podía creer, vieras la foto que puso en el salón con su hijo cuando la jura de bandera. Ahora sí, ahora sí, decía, su hijo, por fin, iba a sentar cabeza.

El chico estuvo de comisión en un navío de esos impresionantes, claro, de marinero, que a otra cosa no había llegado el pobre. En su primer viaje navegaron hasta Cartagena de Indias, en Sudamérica, después de tantos días en alta mar, no sé si veinte, ¿tienes un cigarrillo?, vale, gracias, pues sí, les dieron una semana de licencia para conocer la ciudad y tal.  A él  le daba igual conocer los monumentos históricos y cosas de esas, lo que lo ponía era contemplar a las negras caribeñas paseando por las playas vendiendo dulces de coco y otras chucherías tropicales. Distraído en estos asuntos se metió por una barriada de las afueras, de esas que no les enseñan a los turistas ni de broma, la típica que aparece fotografiada en los trípticos de las ONG y, ¡no te lo vas a creer¡, cuando menos se lo esperaba aparecieron unos tíos con unas pistolas tipo Rambo y lo obligaron a montarse en un coche de lo más cutre, él intentó resistirse, ya sabes lo chulito que se pone algunas veces, pero un derechazo en toda la narizota lo dejó tieso. Al principio creyó que eran unos delincuentes que vendrían buscando perras, pero no, no eran delincuentes ni ocho cuartos, era un comando de guerrilleros de la FARC, ¿entiendes?, sí, guerrilleros, ¿que qué significa FARC?, ¡yo qué sé, tía!, atiéndeme para que te enteres, cruzaron media Colombia, que no es poco decir porque date cuenta que ese país es como tres veces España, y está lleno de montañas, así que te imaginarás las vueltas que hay que dar y que, encima, las carreteras de allí no son para tirar cohetes, ¿sabes lo qué te digo? Después de varios días, él mismo no se atrevía a calcular si serían dos o tres,  llegaron por fin hasta donde tendrían su escondrijo los guerrilleros esos, y lo encerraron en una chabola. Luego se supo que estaba en una región que llaman del Putumayo, cerca del mismo río Amazonas, o sea en la selva, pero selva a lo bestia, alejado de la civilización y sin esperanza de escapar, rodeado de unas arañas monas horrorosas, serpientes tipo boas, como las de la peli, hormigas culonas, y, según contaba después, unas lluvias interminables que a él le parecía que en cualquier momento se toparía de narices con Noé el de la Biblia. Las noches eran lo peor, vale, mejor caminamos un poco, aprovechemos que ha salido el sol, anda ya,  ¿no ves que estamos a dos pasos del García Sanabria?, vale, eso es ¿Qué te venía contando?, ¡ah sí!, lo de la selva.

Y tanto que estaba hecho polvo, bueno, no sólo él sino también Paca, la pobre, tenías que verlo, venga la señora a llorar por la tele, a pedir la intervención de las autoridades; la foto de Ulises con su gorrito de marinero, venga también a salir todas las noches por el telediario, y la  respuesta del Presidente del Gobierno, que sí, que se solidarizaban con el sufrimiento de un español en apuros, pero con una cantinela de noes que no veas, que no pagaremos el rescate, que no estamos dispuestos a negociar con insurgentes, terroristas o qué sé yo. Chica, ya era hora, por fin llegamos, venga vamos a sentarnos por aquí mismo, claro, ¿tú qué crees?, yo también estoy cansada ¿Qué te venía contando?, ¡ah, sí!, lo del secuestro. El gobierno tenía su jugada con la policía de allá, y parece que también con una agente especial americana, una rubia anoréxica nacida en Nueva York y criada en México a quien todos llamaban Miss Susan y que se coló de espía en pleno campamento ¿El rescate?, sí, claro, primero una unidad de asalto rodeó con metralletas el asentamiento guerrillero, ¡crash!, luego apareció un helicóptero de estos modernos sobre la chabola, y se escuchó el estruendo de una bomba, ¡bumba!  Al cabo de un rato, media hora o algo así, encontraron al pobre Ulises temblando, abrazado a la chica americana, y rogando que no les matasen ¿De los guerrilleros?, ni rastro. Sin dejar de abrazar a la rubia, pues  con el secuestro se habían apañado el uno con el otro, sí, a lo love story, los trasladaron a Bogotá, y de allí, hala, a Tenerife.

Al llegar al  Reina Sofía, tuvo que rodearlo un cordón de seguridad; la prensa estaba desbordada: fotógrafos, grabadores, cámaras de TV, cámaras de cine, micrófonos, móviles; sí, exactamente, el abrazo con la madre, eso fue lo mejor, era un pedazo de abrazo, y la gente gritaba: ¡guapo!, ¡guapo! Esa semana no se dio abasto para programas de radio y televisión: en “Protagonistas con marcha” de las 40 principales, ¿o sería la cadena dial?, luego en el programa de Wyoming “El Intermedio”, una breve reseña en “Corazón, corazón” de verano, y luego todo un reportaje en el lugar de los acontecimientos por “Documentos TV” ¡Ah!, se me olvidaba, en el “Pronto” le hicieron un especial a pleno color, allí sí que salía la rubia de Nueva York, la chica declaraba desde su oficina del FBI, y además en el jardín de un edificio de cristal de lo más fashion, claro, ella daba su versión, desmintiendo los rumores que habían corrido aquí en España sobre su romance con Ulises, no señor, ella era una profesional de lo secretísimo, todo formaba parte de una estrategia de seguridad y no sé qué flautas. Vieras las discusiones en “Sálvame Deluxe”, la Lydia Lozano venga a machacar con esto y con lo otro, ¡ah! se le inflaba la yugular en el cuello, ¿pero no sabías?, vas a flipar, resulta que le achacaron un rollito con la Ana Obregón, ya sabes cómo le molan a esta tía los pibes, el tema fue las fotos que sacaron una noche que dedicaban en Madrid un homenaje de mucho postín a todas las víctimas de los secuestros y cosas así, patrocinado por no sé qué asociación, todo gente muy bien puesta, incluso estuvo la misma Reina Sofía, con un peinado de bucles a lo Madonna, y otros grandes de España. Allí Ulises, muy chulito, dijo unas sentidas palabras, y sí señor, ¡enhorabuena, tío!, desde ese día ya no quiso seguir con la asistencia psicológica que le pusieron, sí, ¿pues tú qué crees?, la gente queda con unos traumas muy subidos, lo que pasa es que a él se le pasó en seguida ¿Qué dices?, ¡no, mi niña!, lo de Ana Obregón fue nada, un lleva y trae de rumores, aclaraciones, y, luego, ya se supo, una mentira más para ganar audiencia y de paso, ¿a qué sí?, unas perritas extras ¿La revista?, no, no la boté, debe estar en casa en alguna gaveta, a ver cuando te la enseño. La edición se agotó en seguida, ya te digo, flipabas, la gente por las calles cuando lo reconocía decía: ¡bravo!, ¡bravo!  ¿Te apetece un cortadito?, vale, entremos en el bar de Josefa, aquí mismo. ¡Ahh!,… claro, claro, con esto de los programas se le veía muy suelto, lo vieras, contaba su testimonio y lloraba, era alucinante. Aquí hay una mesa, venga, vamos a sentarnos.

@elblogdemarcelo


2 comentarios:

  1. Vaya historia la de este Ulises, Marce. Sin querer, sin querer se ha recorrido medio mundo y su submundo. Y todo en lo que dura un paseíto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Por distintos caminos, y a través de muchos mares, todo hombre es Ulises. Un abrazo Balbina, y muchas gracias por tu comentario.

      Eliminar