sábado, 9 de octubre de 2010

LAS CARAS LINDAS DE MI GENTE NEGRA

Un éxito de Ismael Rivera, Las caras lindas de mi gente negra, reivindicando el valor de la negritud, y no tanto en lo referente al color de la piel, sino como expresión popular de un segmento importante de la población que ha sido históricamente marginada, por lo menos en América Latina. El problema no radica tanto en ser negro o mestizo, como en ser pobre. ¡ Ese es el asunto!

Normalmente, por lo menos en público, la gente no se define como racista, no sería "políticamente" correcto. Sin embargo, ¡qué de prejuicios revelan a veces nuestras actitudes hacia el diferente, llámese: latinos, marroquíes, gitanos,....! A mi, como cristiano, y como emigrante de dos orillas, sencillamente, me escuece.



Es tarea de la educación quitar murallas mentales, abrir el horizonte y mostrar el panorama diverso y rico de lo humano, del drama mismo de la pobreza, de las consecuencias terribles de la intolerancia, el racismo y la xenofobia que atentan contra la sacratísima dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, redimida por Cristo, llamada a vivir en fraternidad con sus hermanos, a formar una familia donde todos somos hijos e hijas de un mismo Padre.

La clase de Religión, fiel a la buena noticia cristiana sobre la dignidad de la persona, no puede dejar de tocar estos temas. Muchos de nuestros jóvenes se dejan influenciar por cierta mentalidad xenofoba y racista, que, solapadamente, se ha infiltrado en muchos ambientes españoles y europeos. La asignatura de Religión es un buen antídoto para prevenir esta enfermedad social, pues ella forma hombres y mujeres con una alta competencia social y ciudadana, promotores de la convivencia entre las personas.

El vídeo, con su alegre ritmo latino, puede ser una buena ocasión para proponer el tema en clase con los alumnos, comentar con ellos la letra de la canción y las imágenes asociadas, descubrir los valores que transmite, y fomentar una conciencia cristiana sobre la igualdad básica entre todos los seres humanos, invitados a compartir la gloria del Resucitado:

" Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos" ( Apoc. 7,9).

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